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Con landívar presente en las aulas Instituto de eternos valores

Quien Pone un pie en el INVAL NUNCA LO OLVIDA

miércoles, 8 de septiembre de 2010

UN RECUERDO INOLVIDABLE TOMADO DEL SEMANARIO ANTIGUEÑO.

Semanario Antigueño
UNA ENTRADA INOLVIDABLE visitewww.semanarioantigueno.com¿Conoció esta entrada? ¿Recuerda esa reja? ¿Cuántos de los que leen estas líneas quizás la escalaron y se fueron de capiuza? ¿De Cuántas risas, chistes, y alegrías fue testigo este ingreso? Sí, este era el ingreso del antiguo edificio del Instituto Normal de varones Antonio Larrazabal en la Calle de la Nobleza o Primera Avenida donde hoy se ubica la Escuela Luis Mena. Luego de la reja se aprecia la entrada que era resguardada en los años sesenta y setenta por don Beto Morales que era cuidadoso con las llaves y el horario de entrada y salida de los estudiantes, sin embargo algunos pilluelos jugaban la vuelta y se escondían detrás de las palmeras y pinabetes para luego saltar la reja, por supuesto que eran otros tiempos y los padres tomaban cartas en el asunto e imponían el rigor correspondiente. A ambos lados de la entrada dos fuentes (que no se aprecian) eran el bebedero de zanates, clarineros, chipes y cenzontles que alegraban el ambiente de los salones de clase. A la izquierda del ingreso se ubicaba la Dirección y la ventana de la derecha era sala de oficinas y de maestros. El muro de contorno como se aprecia era de mampostería construido a principios de 1900. Esta foto fue tomada el día miércoles 4 de febrero de 1976, fecha del terremoto de San Gilberto y no se le nota daño aparente al edificio en sí, sin embargo la parte interior fue gravemente afectada por lo que fue necesaria su demolición. Esta foto es un homenaje al Instituto de los eternos valores en el mes de su aniversario. Agradecemos a nuestro particular amigo Jorge Santiago Aragón (Coqui), ex alumno invalista por permitirnos publicar la foto de su colección particular.

A PROPÓSITO DE ESTA BELLA FOTO Y COMENTARIO, UN RECUERDO DE UESERA.A
Frente al salón ocupado por la dirección, al lado izquierdo de la entrada, había un salón de clase cuyo pizarrón condenaba la puerta. En ese entonces don Beto tenía su puesto de control en otra puertecita al borde del patio principal.
Doña Cruz vendía dobladas en un pasaje entre el patio de atrás y el gran espacio donde estaba la canche de basquet y donde se armaban las chamuscas y las verguiadas que comenzaban con el ritual de: el que escupa primero.
A la hora del recreo nos amontonábamos frente al mostrador de doña Cruz para comprarnos una doblada con el chile en mendio y don Rafa de la Hoz, el ticher de inglish, era uno de los clientes. Un día se le ocurrió a uno de los grandes hacer como si su doblada se había caído sobre la calva de don Rafa quien con su pañuelo se limpió la salsa de tomate picante acompañando el gesto con una jerigonza que no nos enseñaba en clase.
Sucesos como éste fueron claves para que la dirección decidera que las dobladas de doña Cruz ya no fueran vendidas en el interior del establecimiento.
Los de la promoción 75 ocupábamos ese salón con la puerta sellada y que, al igual que la puerta de la dirección, permitía una salida sin pasar por la aduana de don Beto.
Entonces no salimos a recreo y, en absoluto silencio, se desclavó el pizarrón que se colocó al lado opuesto de tal manera que la clase cambio de dirección dejando la salida y la entrada libres:abrir el INVAL fue un acto de madurez estudiantil que la dirección no supo contener. Fue una mesa de diálogo que se inició entre dirección y estudiantes conviritiendo al INVAL en una isla democrática; por ese entonces todavía había nostálgicos de la época del INVAL militarizado.
Jorge Guerra, Uesera 75

1 comentario:

  1. Frente al salón ocupado por la dirección, al lado izquierdo de la entrada, había un salón de clase cuyo pizarrón condenaba la puerta. En ese entonces don Beto tenía su puesto de control en otra puertecita al borde del patio principal.
    Doña Cruz vendía dobladas en un pasaje entre el patio de atrás y el gran espacio donde estaba la canche de basquet y donde se armaban las chamuscas y las verguiadas que comenzaban con el ritual de: el que escupa primero.
    A la hora del recreo nos amontonábamos frente al mostrador de doña Cruz para comprarnos una doblada con el chile en mendio y don Rafa de la Hoz, el ticher de inglish, era uno de los clientes. Un día se le ocurrió a uno de los grandes hacer como si su doblada se había caído sobre la calva de don Rafa quien con su pañuelo se limpió la salsa de tomate picante acompañando el gesto con una jerigonza que no nos enseñaba en clase.
    Sucesos como éste fueron claves para que la dirección decidera que las dobladas de doña Cruz ya no fueran vendidas en el interior del establecimiento.
    Los de la promoción 75 ocupábamos ese salón con la puerta sellada y que, al igual que la puerta de la dirección, permitía una salida sin pasar por la aduana de don Beto.
    Entonces no salimos a recreo y, en absoluto silencio, se desclavó el pizarrón que se colocó al lado opuesto de tal manera que la clase cambio de dirección dejando la salida y la entrada libres:abrir el INVAL fue un acto de madurez estudiantil que la dirección no supo contener. Fue una mesa de diálogo que se inició entre dirección y estudiantes conviritiendo al INVAL en una isla democrática; por ese entonces todavía había nostálgicos de la época del INVAL militarizado.
    Jorge Guerra, Uesera 75

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